De nuevo, ante la crisis, la clase media mira al caudillismo autoritario y fascistoide

Opinión

Por Francisco Frutos Gras. Ex Secretario General del PCE||

Como en cada momento histórico que el capitalismo ha entrado en crisis de sobreproducción, reparto, competencia, crecimiento, distribución, o de recomponer el propio caos que genera en conjunto, la clase trabajadora media, o las pequeñas burguesías, con un cierto estatus social que consideran irreversible, han visto reducidos sus ingresos, con lo cual llegan a la conclusión mecánica de que el sistema democrático liberal, hasta aquel momento incuestionable, ya no funciona y debe abrirse una nueva alternativa. Una “nueva”perspectiva que las fuerzas económicas, políticas y sus medios de comunicación y propaganda ya han ido preparando. Y surge el Caudillo, o los caudillos, según las necesidades.

El caso del surgimiento de Pablo Iglesias-Podemos y su rápido ascenso a los cielos de la política desde los medios del propio sistema, debe inscribirse en este marco. Ya que IU, sin caudillo pero con un lenguaje sólido de izquierdas y entendible desde la sociedad trabajadora empezaba a inspirar respeto-miedo, crearon algo manejable para reducir la influencia de IU o hacerla desaparecer. Y en esas estamos a los casi 5 años. La clientela principal de Podemos ha sido la clase media profesional. Podemos se vio como la encarnación del enterrador de la crisis y de sus verdugos, la llamada enfáticamente “CASTA”, y la organización que garantizaba la recuperación y el mantenimiento de unas condiciones de vida y de trabajo mermadas por la crisis. Podemos arrancó sus votos del PSOE y de IU.

En un mismo sentido, pero antes y por causas diferentes, el “España nos roba” y algunos recortes del nuevo Estatut como excusas, el nacionalismo catalán gobernante da un salto y al mismo tiempo que pone en marcha durísimas medidas sociales neoliberales recortando salarios y condiciones laborales y privatizando empresas y servicios públicos, se convierte en separatista para acabar con la “CASTA” que representan España y los españoles, que son, en el nuevo discurso inventado a base de historietas y mentiras, los culpables de que los catalanes pasen necesidades. Y se remiten a la conquista de la independencia para recuperar lo que España les roba y convertir Catalunya en un rico paraíso social llamando a la población a salir a la calle un día sí y otro también y a crear una “republiqueta” carlista, con la única ley de “aquí mando yo”. De la corrupción de la familia Pujol, de sus peones tipo Alavedra o Prenafeta y de CDC, ni hablar. “Son nuestros ladrones”.

La reacción a todo eso, impulsado y organizado por los mismos políticos burgueses que han mandado siempre y que han pactado y realizado las políticas económicas y sociales más neoliberales, de acuerdo con el PP o el PSOE, en función de quien gobernara en España, además de producir una división y un enfrentamiento en el pueblo de Catalunya, ha ampliado las bases y ha potenciado el crecimiento electoral y social del nazional-españolismo de extrema derecha. Y surge VOX con presencia importante en las instituciones y como instrumento necesario para gobiernos de la derecha en su conjunto: PP y Cs. Nos encontramos, pues,  con las dos caras de una misma moneda. Por un lado, la derecha y ultra derecha, de la cual siempre han formado parte significada los herederos de Pujol y sus socios de gobierno; y por el otro, la “izquierda”, encabezada por un PSOE que ha sabido cazar en este lodazal político que es la política española, y por un Pedro Sánchez al cual Pablo Iglesias le mendiga cada día  su mendrugo; y más allá, fuera del cuadro, un batiburrillo de grupúsculos y siglas cambiantes de un día para otro.

Y de todo ello, del populismo intrascendente de Podemos y socios, absorbidos por el PSOE o en la indigencia, del nazional-separatismo catalán, estimulado y haciendo piña con los Bildus y PNVs,  y del españolismo franquista de VOX, se dibuja un panorama nada alentador para algo que no sea la utilización de la política como modo de mangoneo permanente de las clases dominantes, que quitan y ponen a su libre albedrío, sin ninguna concepción plural, contradictoria, pero seria y sólida en la defensa de diversas alternativas para la sociedad. Asumen como propio aquello del “fin de la historia y el último hombre” escrito por Francis Fukuyama hace casi 30 años aprovechando el hundimiento de la Unión Soviética, como forma de analizar la realidad e imponer en exclusiva sus políticas frente a los intereses sociales diversos y a las alternativas diferentes.

Y aún están en las mismas tesis, sin haberse enterado todavía de que el mismo Fukuyama ha dicho que “el socialismo debería volver”, que sus tesis de entonces eran una crítica al comunismo pero que las concepciones que se han impuesto después de aquella caída son peores que lo que él criticaba.

(Jueves, 20 de junio de 2019).

 

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